Visita Apostólica
-Un Nuevo Día-
Por Antonio Miranda
Imágenes Sergio Rodríguez
Compartimos con ustedes que los días 12 y 13 de septiembre del presente año, tuvimos la visita apostólica por parte de nuestro amado hermano Alfredo González y un equipo de trabajo conformado por el hermano Arturo Guarneros, Pastor fundador del Tabernáculo Tepito; Manuel Pachicano, encargado de la misión de Monterrey; y Carlos Pineda, diácono del Tabernáculo de la Ciudad de Saltillo.
El día sábado dieron inicio las actividades con una plática para los equipos de trabajo de las iglesias de Catalinas, Apatzingán y Morelia, impartida por nuestros hermanos. Tomando como base las citas de Joel 2:21 y Efesios 2:20. En donde nuestros hermanos hicieron énfasis en que el tiempo de portar el mensaje solamente en la mente ha terminado, y que el régimen de la carne debe quedar atrás. En este tiempo ha venido la lluvia tardía para alcanzar la madurez espiritual. Asimismo, Dios está permitiendo las últimas pruebas para ver si somos aprobados y podemos ir en la primera línea de fuego. Fuimos grandemente bendecidos por la enseñanza traída por nuestro hermano Alfredo y su equipo de trabajo.
El día domingo tuvimos nuestro servicio de resurrección, y el portador de la Palabra de Dios fue nuestro hermano Manuel Pachicano. Nuestro hermano tomó como base San Juan 15:1 y San Lucas 15:8, desarrollando el tema: “Tiempo de limpiar la casa”. Mencionó cómo la mujer que había perdido una dracma comenzó a buscarla diligentemente, realizando una limpieza total en su casa: barriendo, ordenando y limpiando hasta encontrar la moneda perdida. De la misma manera, la Iglesia, siendo tipo de esta mujer, hoy ha perdido no solamente una dracma o una virtud, sino muchas más. Es tiempo de barrer y limpiar nuestra casa espiritual para recuperar todas aquellas virtudes que, a través del tiempo, hemos perdido. Nuestro Esposo, el Señor Jesucristo, está por venir, y debemos tener todas las monedas para recibirlo, de modo que nos encuentre como una Novia fiel. Dios se derramó de una manera especial durante el servicio.
Pero también tuvimos una doble liberación, porque posteriormente nuestro apóstol, el hermano Alfredo González, tomó el lugar y, ejerciendo la autoridad espiritual que Dios le ha concedido, reprendió un espíritu de letargo que había caminado con nosotros durante 18 años. De esta manera, se puso fin a un bloqueo que había obstaculizado el crecimiento del ministerio y de la Iglesia del Señor en Michoacán. Ahora podemos decir que es un nuevo día. El 13 de septiembre de 2026 marcó la despedida de ese espíritu de letargo, y Dios nos concedió una liberación total y una doble bendición. Damos gracias a Dios por Su amor y misericordia para con nosotros.
Por último, las actividades concluyeron en el Tabernáculo de la Ciudad de Apatzingán con una segunda plática para los gobiernos de las iglesias de Catalinas, Apatzingán y Morelia. Tomaron nuevamente el lugar los hermanos Alfredo González, Arturo Guarneros, Manuel Pachicano y Carlos Pineda. Basándose en Daniel 12:1 y Efesios 6:11, nuestros hermanos hicieron mención de que estamos viviendo un tiempo de purificación. Dios está buscando verdaderos soldados veteranos que puedan ir en la primera línea de fuego, ya no novatos ni inmaduros, sino creyentes preparados para enfrentar los retos del día. Se nos recordó que ya no podemos perder el tiempo y que necesitamos ser purificados por el fuego del Espíritu Santo para estar listos para la batalla. Dios llamará a los mejores guerreros, recordándonos que estamos en un tiempo de selección y que solamente lo mejor será escogido.
Finalmente, nuestro hermano Alfredo González llamó a los hermanos Antonio Miranda, Obed Miranda, Marco Antonio Miranda, Juan Ibarra Jr., Juan Ibarra Torres, Jesús Ibarra y Alberto Valdez, realizando una oración especial por las familias Miranda e Ibarra, con el propósito de unificar completamente a ambas familias e iglesias.
Dios nuevamente se movió de manera sobrenatural, y fuimos bendecidos y fortalecidos. Damos gracias a Dios por tan glorioso tiempo y agradecemos también a nuestro amado hermano Alfredo González y al equipo que lo acompañó.
¡Dios les bendiga!